sábado, 24 de marzo de 2012

OPINIONES: CARTA DEL DR. OSCAR ELIAS BISCET

MIAMI, 24 de marzo de 2012


Dr. Oscar Elías Biscet

Fundador the la Fundación Lawton. Ganador de la Medalla Presidencial por la Libertad 2007 y catalogado por Amnistía Internacional como prisionero de consciencia. Es seguidor del Dalai Lama, Thoreau, Gandhi y Martin Luther King Jr. Su fundación promueve la democracia en Cuba mediante métodos pacíficos de resistencia civil.
Delito: Desorden público
Sentencia: 25 años
Fecha: abril del 2003



Mi carta al Wall Street Journal sobre la visita de Benedicto XVI


La importancia de la visita del Papa reside en que la Iglesia Católica ha desempeñado en el pasado un papel destacado en la expansión y la protección de las libertades en Cuba. Mi liberación de la cárcel, al igual que la de otros opositores, fue negociada principalmente por la Iglesia Católica. 

Oscar Elías Biscet


La Habana, Cuba, 20 de marzo de 2012.

The Wall Street Journal
New York, EE.UU.

Distinguidos señores:
La próxima semana el Papa Benedicto XVI vendrá a Cuba en lo que será la primera visita papal a mi país en más de una década. Durante su viaje a esta tierra, Su Santidad tiene pautado reunirse con los dos hermanos Castro y sus subordinados, así como traer un mensaje espiritual al pueblo cubano.
Los retos y oportunidades no pueden ser mayores. El viaje es una oportunidad extraordinaria para que el líder de la Iglesia Católica apoye con sus considerables influencia y prestigio las demandas del oprimido pueblo cubano en su búsqueda de la libertad y la democracia.
Mi país sigue siendo gobernado por un régimen brutal que oprime a su pueblo y le niega sus derechos y libertades más fundamentales. El régimen es una reliquia de la Guerra Fría y hay muy pocas esperanzas de que se produzca un cambio sin una intensa presión internacional.
Cuba es un estado policiaco. Los agentes del gobierno espían y persiguen a todo aquel que se atreva a defender los derechos humanos. Maltratan y encarcelan a quienes propongan cambios políticos por medios pacíficos. Arrestan y detienen a cubanos por infracciones tan fantasmagóricas como faltar el respeto a los símbolos patrióticos e insultar los símbolos de la patria. Los agentes de la Seguridad del Estado monitorean la vida diaria de los ciudadanos incluyendo nuestros correos ordinarios, nuestros teléfonos y nuestros correos electrónicos. La única prensa legal y el único periódico son editados por la dictadura. Los periodistas independientes que se atreven a discrepar de la propaganda oficial son amenazados y encarcelados.
Las cárceles cubanas son infiernos vivientes donde se producen a diario violaciones flagrantes de los derechos humanos y de la dignidad humana. Yo pase doce años en ese infierno por el supuesto delito de haber cometido crímenes contra la seguridad del estado. El "delito": Pedirle al estado cubano que respetara los derechos humanos fundamentales de cada ciudadano cubano.
El sistema penitenciario de Cuba viola de manera flagrante los requerimientos mínimos establecidos por las Naciones Unidas. Durante mis años de reclusión fui testigo de violaciones tales como tener prisioneros por 24 horas con las manos y los pies esposados detrás de la espalda, desnudados en grupos sin la más mínima consideración por la modestia humana, torturados física y psicológicamente con pistolas eléctricas, matados a palos por pedir atención médica y mantenidos durante meses en celdas sin ventilación, luz exterior, baños o agua potable.
Cualquier prisionero que se atreva a pedir un trato humanitario se arriesga a perder la vida. Yo fui testigo de uno de esos caso que tuvo lugar en el año 2010 en el segundo piso de la prisión del Combinado de Este en La Habana. Un joven que sufría de dos condiciones médicas crónicas--asma y problemas cardiacos relacionados con patología de las válvulas--fue matado a palos cuando se quejó de que no le habían proporcionado atención médica. Durante mis años de encarcelamiento, tres presos trataron de darme muerte en diferentes ocasiones. Dos de ellos me dijeron más tarde que funcionarios militares les había dado órdenes de asesinarme.
Sigo siendo testigo de los castigos que el régimen propina a cualquiera que trate de ofrecer soluciones alternativas. En mi caso, la persecución comenzó en 1998 cuando, mientras ofrecía una conferencia sobre el derecho a la vida, fui atacado y sacado con violencia del recinto por un turba a las órdenes del Partido Comunista. Desde ese momento, se me ha negado la facultad de ejercer la medicina.
Mi mujer y mi hijo han sido amenazados de muerte y fueron objeto de presiones para que me abandonaran. Se nos ha expulsado de nuestra vivienda. Y he sufrido la fractura de un pie como consecuencia de una pateadura que me fue propinada por agentes de la seguridad del estado.
Sin embargo, todavía hay miles de cubanos valientes que se enfrentan a los hermanos Castro y demandan sus derechos básicos, aun corriendo el riesgo de ser torturados y asesinados. Nuestras filas de la oposición están creciendo, pero necesitamos la solidaridad y la asistencia de la comunidad internacional.
La Primavera Árabe es solamente la última prueba de que es posible lograr un verdadero cambio democrático impulsado por el pueblo. En los últimos años hemos visto a movimientos pacíficos y democráticos tener éxito tanto en la América Latina como en países del antiguo bloque soviético. En la mayor parte de los casos, su advenimiento ha traído consigo libertad, prosperidad y reconciliación nacional. Nosotros podemos lograr los mismos resultados en Cuba y construir un país libre y soberano para todos sus hijos.
Por su parte, la comunidad internacional tiene la responsabilidad de proporcionar la atención y los recursos diplomáticos de los que carecemos quienes luchamos dentro del país.
La importancia de la visita del Papa reside en que la Iglesia Católica ha desempeñado en el pasado un papel destacado en la expansión y la protección de las libertades en Cuba. Mi liberación de la cárcel, al igual que la de otros opositores, fue negociada principalmente por la Iglesia Católica.
Quienes trabajamos por una Cuba libre, tenemos demandas muy básicas: libertad de expresión, libertad de asociación y de reunión, elecciones libres y multipartidistas y un país donde las personas no tengan que exiliarse jamás a causa de sus convicciones políticas.
La visita del Papa Benedicto XVI representa una oportunidad única para que el pueblo de Cuba ejerza presión sobre sus tiranos y los obligue a celebrar elecciones. Unas elecciones donde todos los cubanos podamos unirnos con los demás pueblos libres y democráticos del mundo. Le pido a su Santidad que ponga especial atención a esta idea para que se produzca un cambio rápido hacia un país donde todos podamos vivir en libertad. Rezo por el éxito de su gestión.

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